¿Quién soy?
¿Quié quieres que sea?
A mi corta edad, sin haber cotizado todavía, he tenido más trabajos que Homer Simpson. Lo llamo trabajo porque de alguna manera, obtuve beneficio: construir mi personalidad. Aunque el término apropiado, a lo mejor, es desempeñar un papel.
Un papel fino como el de fumar, con lenta combustión que, acaba siendo ceniza esparcida por el tiempo.
Cuando era cría circulaba esta foto:
Ahora añadiría otra más, la que muestro en Internet. Pero ése es otro tema.
La mejor, la que los rumores dicen que soy.
Nos gusta el cotilleo y los prejuicios. ¡Cuántos ojos se han abierto en el bar con una buena conversación!
He sido la niña buena. Con o sin perlitas, la que parecía no romper un plato. Responsable, con buenas notas y sin malas intenciones.
También he sido la mala de la película. Y personaje secundario de otras historias. Si he pasado desapercibida es porque no te fijaste, no estaba en tu punto de mira de la brújula del interés.
He sido la yonki del parque. La que sólo conocía el agua como palabra para estar preparada para escapar de los problemas. Sentada en un parque, cual homeless.
He sido la loca del bar. Dándolo todo encima de la barra con cada hit que sonaba y una cerveza derramándose en la mano.
He sido la borde del bar. La marginada, la amiga con cara de cuerno quemado. Con las espinas de cactus y una respuesta concisa que espantaba. ¡Esta tía de qué va!
He sido la amante. Con la que chateabas mientras tenías una cena romántica con tu novia. Con la que desahogar tus problemas de la relación en la cama. Ingenua por no saberlo, ilusionada por pensar en un futuro. Tu princesa.
Me hicieron creer ser princesa. Tú vales mucho. Más que él. Pasa, que te valore.
Pero, ¿dónde están los valores?
Por circunstancias de la vida, nunca llegué a ser novia. What for?
En la misma línea, he sido engañada. Una mezcla de Disney esperando un final feliz, sin traje propio y muchas historias que contar.
He sido la rubia, la pelirroja, la de trenzas, la del gorro…
Ésa chica de la que todos hablan, que todos creen conocer. Igual sólo por unos minutos mientras nos cruzábamos en la calle, o que viste repetidas veces.
He sido alumna. Siempre aprendiendo. A veces, un simple número más, la de la segunda fila. Becaria por unos meses. Entre la multitud pronto me olvidarás.
He sido maestra. Maestra de los consejos nunca aplicados. Como todos en esta vida. De los problemas de los demás, resolvemos rápidamente la ecuación. Con los nuestross, hay varias soluciones posibles. ¿La final? El alcohol.
He sido la que desapareció de tu cama a la mañana siguiente. Dejando un número falso en la nevera. No quise dejar más huellas que los arañazos en tu espalda. Aunque en realidad, eran un reflejo de las heridas que estaba haciendo a mi alma, y de alguna manera a mi corazón. Todavía quedan algunos incurables en mi conciencia.
Mi Pepito Grillo es conocido por todos los médicos de urgencias.
He sido paciente y a la vez parte del equipo médico. Por mi profesión, la cual a día de hoy me cuestiono. ¿Es de verdad lo que quiero?
He sido Dora la Exploradora, con una mochila llena de experiencias siguiendo caminos y cerrando puertas porque el mapa, al tener vida, iba cambiando como las escaleras de Hogwarts.
He sido actriz. Finjiendo sentimientos, enterrándolos en el interior del volcán, que sólo se conocían al explotar. Claro, luego, noticia internacional.
He sido sabia y a la vez inteligente. Me falta el punto de referencia para poder dejarlo claro.
Y llegados a este punto, yo me pregunto, ¿quién soy?
El mapa me ha traicionado; mis pasos han sido en falso, o no. Controlados por unos hilos de las personas que me dieron consejos. ¿Alguna vez he hecho lo que realmente quería?
Todos nos preguntamos, ¿qué es lo que quiero? En forma de un «y ahora, ¿qué hago?»
El problema está en el miedo. Miedo al qué dirán. A pasarse estaciones sin la certeza de que otro tren vuelva a pasar en dirección contraria para pararse en la estación perdida. Atravesar esa puerta que estaba abierta. E incluso estando abierta, igual esta vez me pasa como Alicia y no tengo el tamaño apropiado: too Big or too small.
Soy las decisiones que he ido tomando. Los errores que me han llevado hasta donde estoy. Los aciertos que me han premiado con llaves. Tengo el llavero lleno y muchas de ellas no sé para qué sirven.
Pero, ¿sabes qué?
Definitivamente, SOY.
Ni soja, ni animal. Sólo una persona más. Algún día encontrarme y podré curar está amnesia personal.
#besosdesdeLondres
